Martinica, la isla de las flores
Martinica o también llamada La Isla de las Flores es una porción de Francia situada en los trópicos. Los isleños siguen los dictados de la moda parisina, consumen baguettes y croissants y pagan con francos. Sin embargo, la música zouk que suena en los aparatos magnetofónicos, los bares y las salas de fiesta nos recuerda que sus habitantes tienen una cultura propia, imbuida sólidamente en las tradiciones criollas de las Antillas.

Les Salines por rayced
La capital de esta isla, Fort-de-France, una urbe moderna y elegante de cien mil habitantes, constituye la mayor de las Antillas Francesas. Gran parte de la isla está urbanizada, y sus ciudades más relevantes podrían confundirse con modernas barriadas. No obstante, casi una tercera parte está ocupada por bosques, y otras muchas zonas están destinadas al cultivo de piñas, plátanos y caña de azúcar. Aún es posible encontrar algunos pueblos de pescadores y playas apartadas, así como multitud de senderos por las montañas.

Rocher du Diamant et Morne Larcher por Michel Deux
Martinica fue descubierta por Cristóbal Colón en 1502, pero los españoles no la colonizaron. En la primera mitad del siglo XVII los franceses de la compañía de las islas de América se instalaron allí, luego fue ocupada por Gran Bretaña, y en 1674 el gobierno francés compró la isla. Como todas las islas del Caribe, son ideales para el turismo, ya sea que busquen las playas de arenas blancas del sur, las arenas negras de las playas del norte; las caletas para realizar buceo, natación, pesca, visitar arrecifes, conocer los manantiales de aguas termales, recorrer terrenos montañosos, observar desfiladeros, entrar en lugares selváticos, apreciar las bellísimas flores, como lilas, orquídeas, o degustar frutas tropicales, como cocos, piñas o papayas.A Martinica se asocian imágenes familiares y contrastadas: la modesta Casa de Joséphine de Beauharnais, la conmovedora visión de las Ruinas de San Pedro y la silueta hierática del Peñón del Diamante, disputado en otros tiempos a la flota inglesa por el control del mar Caribe.
El amplio desarrollo del turismo no ha enturbiado el encanto de estos cantones recoletos en los que todavía llaman gomeros los barcos de vela o donde cortan artísticamente las rodajas de piña. Así también en esta isla de ensueño existen lugares de memoria extraordinarios: la Iglesia de Case Pilote cuyos mosaicos fueron realizados con escombros de vajilla quemada durante la erupción de la Montaña Pelada; el pueblecito del Morne Vert escondido al pie de los Pitons del Carbet; los antiguos ingenios de la ensenada Latouche; los senderos de La Huella del Norte, se encuentran entre los principales atractivos.
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Fecha: November 8, 2008 at 4:04 am








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